Ayer pasaste caminando elegante
y me saludaste amablemente,
ganas tuve de detenerte
tomarte de la mano dulcemente
Y decirte en el oido—sube—
arriba arde el fuego en el salón, y,
en el cuarto aun perfuman los claveles.
Tiende la mesa y en el centro las flores de malvón,
Pon aquellos de lino, los bordados manteles
y cenemos, afuera corre un viento escalofriante,
Quédate conmigo para siempre, querida,
Luego leeremos los versos del poeta
Que te dejaron en el corazón una herida,
Sé que te arrancarán lágrimas que yo beberé
Hasta que en mis brazos quedes dormida
Marisa Viazzi