Se oyó un sonoro beso enamorado
de una pálida y lánguida mano , que tenía
la palidez de un lirio deshojado,
y el temblor de la luna mojada en el río–
Vimos una tarde que aquella blanca mano
Que tenía temblor de luna y palpitar de frío,
Se cansó de sufrir y escapó en su delirio.
Y con movimiento ondulante y majestuoso
escapó hasta un lugar lejano, y el beso, afligido,
volaba tras la temblorosa mano desesperado.
Se desgarró le denso aire y el brujo beso
En un instante se volvió un enamorado suspiro
Marisa Viazzi