Tus ojos son dos palomas
y en su aletear me envuelven
en una celestial luz que esoma.
Tus labios son dos brasas
que arden en una lengua
de fuego que me abraza.
Tu voz es canto de cardenales
y perfume de magnolias
que a mi alma llena de ansiedades.
Tu figura es la de una diosa
adorada por el mundo y por mi,
la única, la má hermosa,
que ignoras que muero por tí.
Marisa Viazzi