Rita María Gardellini
Especies en peligro
—Y vea, es así, nomás, don Zoilo: ¡Lo encerraron!
¿Quién lo hubiera creído? Porque mire que era fiero, taimado y ladino…
—Y así son estas cosas de la posmodernidad, no respetan nada.
—Bueno, m’ hijito, si va a leer, lea en voz alta.
El animal bípedo por excelencia finalmente: ¿ha sucumbido?
(Titular amarillista con cierto toque intelectual)
Por su propia cuenta y designio ha decidido recluirse en su propia madriguera, sin embargo eso no resultaría lo más sorprendente, lo más asombroso es su conveniente y viciosa determinación de permanecer aislado entre sus propios congéneres.
Sociable naturalmente, ha quebrado su herencia milenaria para permanecer en lo que supone le brinda un hábitat seguro y complaciente; modificando sus interrelaciones: por hacinamientos de varios individuos que coexisten en el mismo espacio físico, ocupando diferentes cubículos, aunque con la notable peculiaridad de no establecer acercamientos entre sí.
La búsqueda de pareja no ha recibido mejor fortuna, llegando a obviar las necesidades primarias, ésta se ha resumido a contactos aislados y fortuitos con ocasionales convivencias que proporcionan, en el más exitoso de los casos, una o dos crías.
Salvo excepciones menos inhóspitas, los cachorros no permanecen con ambos progenitores, replegándose la crianza usualmente a uno de ellos o a una alternancia entre ambos, lo cual les brinda un marco propicio para que puedan realizar su voluntad a destajo y transcurrir en una existencia libre de patrones fieles de conducta; ya que los mencionados padres se acercan cada vez más a su marco generacional, resultando poco más que adolescentes sociales. De ese modo, y dado que los adultos están inmersos en su propia andanada de caprichos y crisis, las crías carecen de un referente a quien presentar su rebeldía, instancia fundamental para determinar su carácter.
Tales displicencias acuña una población juvenil inerte y vacua que perfila su temperamento a los mandatos masivos de consumo y venta.
Asimismo, y de manera casi aleatoria, el adiestramiento y adaptación de la especie está sujeto a vaivenes formativos de las economías. Avaros que dibujan los recortes en los costos simulando una emperifollada vanguardia, y copiosamente: todos están conectados a nadie. Los rostros son invisibles y cambiables.
¿Y qué habrá de suceder a un animal que contraría tanto su propia esencia? Varias resultan las respuestas, aunque el espectro no abanica venideras predicciones ventajosas; el siglo de la locura ha dejado paso al de la soledad, la cual se regodeará para tender estragos en la frágil psiquis ya existente.
La infancia y la adolescencia fueron inventos atribuidos al siglo XX, aunque la primera se atribuye al XVIII, demoró casi dos siglos en ser visible y autentificada, sin embargo que no se advirtieran no implica que no existieran; inclusive si recortamos una imagen de un niño minero o de una niña en una fábrica textil, podremos observar que, en cuanto podía, iba a jugar. Y aquí me detengo, porque creo que es allí dónde estamos encontrando uno de los causales: los niños ahora no juegan, sumadas a las cientos de actividades regladas o a los ratos lúdicos con compañeros del momento en un parque o en cualquier sitio que se los permita, no juegan con amigos. ¿Y cómo van a comprender, recrear o soportar el mundo que los lastima, mercantiliza, ignora y envuelve si no es con el juego? Han existido siempre infancias castigadas, sometidas, envilecidas en guerras, campos de exterminio o trabajos esclavizadores sin embargo: podían jugar, y me refiero al juego entre pares, concretamente al juego con los amigos.
¿Cómo hará el cachorro humano, naturalmente entidad social, para enfrentar la soledad del siglo XXI?
Ensayo completo: http://fronterad.com/?q=ser-poeta-y-ser-poesia-hagamonos-cargo-sobre-educacion-familia-y-amor-en-era-internet